Como las bacterias no proliferan en ausencia de humedad, esto habría conservado el cuerpo de manera natural, sin necesidad de mayor tratamiento. También de forma casual, a causa de los vientos del desierto, los cadáveres habrían quedado al descubierto, mostrando a los egipcios lo que les sucedía a sus muertos. Pero lo que habría impulsado definitivamente la aparición de la "ciencia" propiamente dicha, sería el enterramiento en tumbas alejadas de la seca arena del desierto.
Sobre el año 3100 a.C., la técnica habría empezado a hacerse más elaborada, ya que al enterrar a los muertos en lugares más húmedos los familiares tuvieron que ingeniar nuevos métodos para conservar los cuerpos. El proceso de momificación se realizaba tanto a animales como a personas, y tenía por objeto evitar la corrupción del cuerpo, de forma que pudiera ser vuelto a utilizar por el alma.
El proceso llegaba a durar 70 días, que era lo que tardaba en salir la estrella Sothis (Sirio) por el horizonte tras desaparecer previamente. Todo esto tenía como misión preparar al fallecido para encontrar el camino tal y como se describe en el Libro de los Muertos. El historiador griego Heródoto distingue tres tipos de embalsamamiento:
Un primero para gente pudiente en el que se realizaban ocho tratamientos al cadáver. -
Un segundo más económico con tres tratamientos. - El tercero para personas más pobres con sólo dos tratamientos.
La momificación se llevaba a cabo en dos fases. En la primera se extraían las vísceras a través de un corte realizado en el costado izquierdo con una piedra etíope. Estas vísceras se depositaban en unos vasos llamados canopos.
Posteriormente se lavaba el cuerpo con vino de palma, se rellenaban las cavidades con bolsitas de arena, se perfumaba, se cosía el corte y se sumergía en natrón durante 70 días. En la segunda fase se envolvían por separado los miembros con vendas de lino. Estas vendas llegaban a alcanzar una longitud total de 300 a 500 metros, y eran fijadas con goma arábiga. Ocultos entre la envoltura se colocaban amuletos y conjuros mágicos. Finalmente se cubría el rostro con una máscara, en la que se intentaban representar los rasgos del difunto con la máxima fidelidad y se le introducía en un sarcófago de madera.




No hay comentarios:
Publicar un comentario